paz

Un día arriba, un día abajo

Un día arriba, un día abajo

Un día arriba, un día abajo.

parte 2 de 9

Había estado con mi compañera Paulette durante dos años, y pasamos por muchas experiencias, curaciones y viajes juntos. Un día tuvimos un día tan mágico, donde todo fluía con facilidad y gracia. Me desperté a la mañana siguiente, y todo me estaba cabreando. Nada en el ambiente era diferente al del día anterior, la cocina era la misma, la comida era la misma, el clima era el mismo, etc. Pero estaba muy molesto por todo y por cualquier cosa. Ver la cosa más pequeña como una taza sin lavar en el fregadero creó una explosión de rabia dentro de mí, y eso pareció afectar todo el día. Sabía esto muy bien, que mantendría este sentimiento durante todo el día. Todo lo que se cruzaba en mi camino se convertía en la excusa perfecta para proyectar todas mis molestias.

En algún momento, Paulette me preguntó: “¿Notaste que todos los días después de un día divertido y feliz, parece que te molestas? Nunca te había visto feliz dos días seguidos”.

Esta conversación me hizo detenerme y reflexionar sobre mi vida.

La preocupación nos mantiene alejados de la alegría

La preocupación nos mantiene alejados de la alegría

La preocupación nos mantiene alejados de la alegría

parte 1 de 9.

Reflexionando sobre mi vida en mi interior y sobre por qué no estaba experimentando la alegría de diciembre durante todo el año, descubrí que estaba concentrado en las preocupaciones de mi vida diaria. Solía ​​escuchar a la gente de mi familia decir: "cada día viene con sus propias calamidades". Era como si las tareas del día vinieran con la sensación de que en realidad eran problemas, que me robaban la alegría y la gratitud. Luego me di cuenta de que en mi mente había frases como: "Todo sería genial si no fuera por tener que lavar todos estos platos sucios" o "Todo en mi día iba tan bien hasta que esa persona me miró de esa manera". Esta forma de pensar estaba impregnada de miedo y otras emociones incómodas. Me aferré a la culpa o al resentimiento como una barrera para poder evitar experimentar esas situaciones nuevamente, lo que finalmente me llevó a sentirme aislado. Estaba tan acostumbrado a vivir a la defensiva y sentía que estaba constantemente en el límite.

¡Nosotros como humanos a menudo vivimos con preocupación todos los días! Estamos ocupados con una multitud de pensamientos hipotéticos de evitar sentimientos incómodos o de buscar lo que nos da placer. Nuestras mentes están llenas de analizar quién o qué generará dolor, conflicto u otras emociones que deseamos evitar o, por el contrario