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Sin ocultar mis sobras para permitir el milagro

Sin ocultar mis sobras para permitir el milagro

Sin ocultar mis sombras para permitir el milagro

Cuando me permití quedarme quieto, comencé a ponerme en contacto con lo extenso que era mi odio hacia mí mismo. Nunca me había dado cuenta de lo infeliz que me sentía, ni me había dado cuenta de lo adicto que me sentía al sentirme mal. Era como si mi alegría y felicidad no fueran una prioridad. Realmente pensé que quería amor, pero mi vida me mostró toda la resistencia que tenía.

Estaba cansado de tener que juzgar a quién podía dar amor y confianza y a quién debía evitar. Cada vez que creaba esa distancia de quienquiera o lo que fuera que juzgaba, me sentía mucho más distante de mi corazón y más distante de mi propia alegría. Era como si tuviera un amplio mosaico de enemigos rodeándome, constantemente en guardia en caso de que alguna de esas bestias voraces e inescrupulosas me robara el bienestar. Fui víctima de mis propias creencias, ideas e interpretaciones.

Cuando comencé

De la victimización a la libertad

De la victimización a la libertad

Pasé de ser una víctima del mundo a aceptar el 100% responsabilidad por todo lo que estaba experimentando.

Ahora, he escuchado a varios autores y oradores decir que repetimos situaciones en las que no hemos aprendido todas las lecciones que la situación puede ofrecer. Reconociendo que estaba repitiendo el patrón de sentirme molesto después de un día feliz, tuve que preguntarme qué lecciones necesitaba aprender. ¿Cuáles son las enseñanzas positivas de esta experiencia en mi vida?

Por supuesto, vi una parte de mi mente que decía "No estoy aprendiendo nada de tener un mal día". Fue interesante observar este pensamiento, pero quería ser realmente honesto conmigo mismo. Así que me quedé callado y me pregunté sinceramente sobre lo que todavía estaba aprendiendo de experimentar malestar y conflicto.

Lo que descubrí fue

Un día arriba, un día abajo

Un día arriba, un día abajo

Un día arriba, un día abajo.

parte 2 de 9

Había estado con mi compañera Paulette durante dos años, y pasamos por muchas experiencias, curaciones y viajes juntos. Un día tuvimos un día tan mágico, donde todo fluía con facilidad y gracia. Me desperté a la mañana siguiente, y todo me estaba cabreando. Nada en el ambiente era diferente al del día anterior, la cocina era la misma, la comida era la misma, el clima era el mismo, etc. Pero estaba muy molesto por todo y por cualquier cosa. Ver la cosa más pequeña como una taza sin lavar en el fregadero creó una explosión de rabia dentro de mí, y eso pareció afectar todo el día. Sabía esto muy bien, que mantendría este sentimiento durante todo el día. Todo lo que se cruzaba en mi camino se convertía en la excusa perfecta para proyectar todas mis molestias.

En algún momento, Paulette me preguntó: “¿Notaste que todos los días después de un día divertido y feliz, parece que te molestas? Nunca te había visto feliz dos días seguidos”.

Esta conversación me hizo detenerme y reflexionar sobre mi vida.