La preocupación nos mantiene alejados de la alegría

La preocupación nos mantiene alejados de la alegría

parte 1 de 9.

Reflexionando sobre mi vida en mi interior y sobre por qué no estaba experimentando la alegría de diciembre durante todo el año, descubrí que estaba concentrado en las preocupaciones de mi vida diaria. Solía escuchar a la gente de mi familia decir: "cada día viene con sus propias calamidades". Era como si las tareas del día vinieran con la sensación de que en realidad eran problemas, que me robaban la alegría y la gratitud. Luego me di cuenta de que en mi mente había frases como: "Todo sería genial si no fuera por tener que lavar todos estos platos sucios" o "Todo en mi día iba tan bien hasta que esa persona me miró de esa manera". Esta forma de pensar estaba impregnada de miedo y otras emociones incómodas. Me aferré a la culpa o al resentimiento como una barrera para poder evitar experimentar esas situaciones nuevamente, lo que finalmente me llevó a sentirme aislado. Estaba tan acostumbrado a vivir a la defensiva y sentía que estaba constantemente en el límite.

¡Nosotros como humanos a menudo vivimos con preocupación todos los días! Estamos ocupados con una multitud de pensamientos hipotéticos de evitar sentimientos incómodos o de buscar lo que nos da placer. Nuestras mentes están llenas de analizar quién o qué generará dolor, conflicto u otras emociones que deseamos evitar o, por el contrario, pensamos con anticipación para ver cómo podemos aprovechar al máximo una situación. En realidad, son dos caras de la misma moneda.

En realidad, estamos pagando un alto precio por lo que parece estar mejorando nuestras vidas. Todo el tiempo y la energía que invertimos en preocuparnos y tratar de figurar nuestras vidas nos está alejando de la alegría y la paz que podemos tener en nuestra conciencia.

Los juicios que estamos haciendo en nuestras mentes nos alejan del disfrute del presente. Cada vez que pensamos en cómo nuestras vidas podrían ser mejores o podrían haber sido mejores, nos sacamos de la alegría. Constantemente juzgamos nuestros eventos cotidianos como buenos o malos, y rara vez nos damos la oportunidad de aceptar nuestras experiencias sin juzgar y de atestiguar abiertamente nuestros sentimientos y emociones.

Así que durante este día, permítete preguntar dentro de ti: ¿Cómo me siento?. Si sientes algo distinto a la alegría o te das cuenta de que sientes alguna emoción que no es tranquilidad, gracia ni felicidad, entonces puedes reconocer que hay un conflicto dentro de ti y hay una invitación a abrirte para la curación.

Siéntase libre de comentar a continuación su experiencia de hacerse esta pregunta y sus sentimientos y emociones, o enviar un mensaje privado para que podamos unirnos en un proceso de claridad.

Escrito por Cristhian Felipe Marín.